6 de febrero de 2026.
El networking dejó de ser un momento improvisado en los pasillos para convertirse en un factor clave en el éxito de cualquier evento. Entonces, ¿qué papel juega hoy la planificación para que esas conexiones se transformen en relaciones de valor?

Los asistentes ya no esperan conversaciones casuales durante el coffee break: buscan encuentros con propósito, relaciones que aporten continuidad y oportunidades reales más allá del día del evento.
Y, por supuesto, la improvisación pierde terreno en este escenario. “Los eventos ya no se valorarán por el número de asistentes o tazas servidas, sino por la calidad de las relaciones que se generan”, recuerda Eventoplus, grupo líder especializado en el sector MICE.
La planificación es la palanca que convierte el networking en un verdadero motor de valor. Como resume la mencionada plataforma, los asistentes “ya no improvisan: aterrizan con las conversaciones encaminadas”. Ahora solicitan reuniones y llegan con objetivos definidos.
Corresponde a los organizadores crear las condiciones para que las interacciones generen verdadero impacto: visibilizar perfiles, definir intereses, elaborar agendas previas y proponer dinámicas que orienten un intercambio productivo son pasos esenciales.
El networking se proyecta más allá del evento: las conexiones que nacen en una agenda bien diseñada se convierten en colaboraciones, negocios y relaciones profesionales que se fortalecen con el tiempo.
